Trastorno de Personalidad Dependiente

08.09.2019

¿Qué es el trastorno de la personalidad por dependencia?

Quienes padecen el trastorno de la personalidad por dependencia se caracterizan por un excesivo apego hacia otras personas, con rasgos de sumisión o adhesión, hasta el punto de presentar una necesidad constante y excesiva de esas otras personas se ocupen de ellos. Su rasgo más distintivo es, en definitiva, el miedo a ser abandonado por los demás.

Las personas dependientes tienen una necesidad patológica de ser cuidadas y protegidas por otras personas. Esto les hace desarrollar actitudes de sumisión hacia estas, ante el terror que les produce la posibilidad de ser abandonados. La búsqueda de esa sensación de protección, por lo tanto, se convierte en una finalidad básica de las personas dependientes.

Otros rasgos comunes de las personas con dependencia son la timidez, la pasividad o la baja autoestima. Es frecuente que se sientan poco válidas o inseguras, y que sean muy sensibles hacia las críticas de terceras personas; esto se debe a que no confían en sus propias habilidades o no se sientan bien con ellos mismos. Debido a estos factores, necesitan buscar una figura de protección.

Este trastorno es relativamente frecuente, ya que se estima que afecta a cerca del 2,5% de la población. Es, además, más común en las mujeres que en los hombres.


Principales síntomas

¿Cuáles son los principales síntomas del trastorno de la personalidad por dependencia?

  • Indecisión: actitud dubitativa e incapacidad para adoptar decisiones. Cuando es necesario adoptar cualquier resolución, necesitan que otra persona lo haga en su lugar.
  • Irresponsabilidad: incapacidad para asumir responsabilidades. Derivado de su indecisión, también son incapaces de hacerse cargo de cualquier tipo de compromiso u obligación.
  • Timidez: las personas dependientes no se atreven a discrepar o a mostrar su desacuerdo. Su falta de autoconfianza les hace sentirse inseguros, por lo que no consiguen reafirmarse en contraposición a otras personas.
  • Falta de iniciativa: dificultad para hacer las cosas a su manera o sin seguir las directrices de otra persona. Del mismo modo, les resulta muy difícil iniciar tareas o proyectos por sí mismos, si no cuentan con supervisión externa.
  • Sumisión o servilismo: como consecuencia de su deseo de agradar, aceptan lo que sea necesario. No se reafirman ni confrontan los deseos de otras personas, por miedo a verse abandonados o desprotegidos.
  • Miedo a la soledad: sienten gran temor ante la posibilidad de no estar acompañados. Necesitan la presencia de otra persona que decida por ellos y asuma la responsabilidad que ellos no quieren afrontar.
  • Necesidad constante de protección: cuando el dependiente pierde una relación, busca inmediatamente otra. Esto se debe al gran temor a encontrarse solos sin alguien que les proteja.
  • Anticipación del abandono: puesto que su peor temor es ser abandonados, no pueden dejar de pensar en ello. Este miedo constantemente presente les reafirma en el resto de actitudes anteriormente mencionadas.

Tratamiento

El método principal de tratamiento para todos los trastornos de la personalidad, incluyendo el DPD, es la psicoterapia (también conocida como la terapia de conversación). La terapia cognitiva conductual (TCC) se recomienda normalmente. Otras opciones incluyen la psicoterapia psicodinámica y terapia de grupo. El objetivo principal de esta terapia es de hacer que el individuo sea más independiente y ayudarles a formar relaciones sanas con las personas en su entorno. Esto se hace mejorando su autoestima y confianza.

Los medicamentos no se utilizan comúnmente para tratar los trastornos de la personalidad. Sin embargo, dado que la ansiedad es una parte fundamental del DPD, se pueden recomendar antidepresivos como los ISRS o los IRSN, y medicamentos contra la ansiedad (también conocidos como benzodiacepinas).

Es importante recordar que los planes de tratamiento son personalizados. Si estás buscando ayuda, asegúrate de trabajar de uno a uno con un médico para crear un plan que se ajuste a tus necesidades. Solo porque un medicamento o terapia le ayuda a otra persona recuperarse, no quiere decir que será la solución correcta para ti. Nunca te sientas culpable por pedir ayuda, tomar medicamentos o ir a terapia. Ocuparte de salud mental es algo productivo y valiente.